Editorial 5/5/2026
Al pasar de la novena semana de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, comprobamos aquella frase que dice: «De una guerra sabemos cuándo empieza, pero no cuando termina.»
Las grandes potencias cuando comienzan a experimentar problemas económicos, por lo general echan mano de cualquier excusa para un enfrentamiento armado exterior que les permita paliar un poco, su difícil situación interna.
Sin embargo, en un tiempo en que hay tanta interdependencia en casi todos los órdenes, la guerra se vuelve un elemento altamente disruptivo, como sucede con el cierre del área circundante del estrecho de Ormuz por donde trasiega un porcentaje importante del petróleo que consume el planeta.
El encarecimiento del combustible está llevando al aumento de la inflación a nivel general pero sobretodo, el impacto mayor está recayendo en las economías de las naciones más pequeñas y vulnerables como es el caso de República Dominicana.
El gobierno dominicano dispuso al inicio del conflicto con Irán de un fondo de 10 mil millones de pesos como subsidio y ya casi se está agotando. Este fin de semana pasado, anunció un subsidio adicional de 800 millones de pesos, focalizado a los combustibles para el sector de los transportistas públicos y así evitar el aumento del precio de los pasajes, mientras que a nivel internacional, la tendencia según parece, es a que el conflicto bélico se alargue y empeore en el porvenir.
Las grandes potencias solo piensan en sus intereses, pero ya el mundo se ha convertido por iniciativa de ellos mismos, en una aldea en que cualquier ruido, impacta y altera a la mayoría de los vecinos. Este conflicto ensordecedor es un camino que no lleva a ninguna parte y donde todos estamos perdiendo.

















